Los hombres quieren castigarme, se han organizado en alguna secuela de sus áridas dimensiones, han cavado afuera de mi casa, hicieron tira el cemento e intentan convencerme con sus bocas rojas de mimbre que allí donde han organizado el sepulcro planean cultivar el vergel.
José Antonio LuerExtractos de "Lo que los hombres no dicen"
El hombre es el proverbio, la causa indivisible de la posverdad. Estos frágiles, ingenuos y crédulos hombres caen desde mí dejando en el piso todas sus alabanzas mundanas. Ellos han resucitado El dolor insano de mis gentes Han hecho oraciones con mi voz, Han cultivado los jardines con mi carne Han llenado vasijas de cerámica con algo parecido a mi que fue también su alimento. No saben querer los hombres cuando llueve No saben del mágico quehacer Del que muere con vivir Y del que con vivir en cada segundo muere.
Las estadísticas de mis sales no se pueden medir en las aguas de estos hombres que jamás serán del tierno desdén de la ola, Dejarán su templanza en el antifaz Y jugarán de vez en cuando Y jugaremos a creerles Y creerán que les creemos Y será todo un juego que imita la súbita desilusión de los girasoles.